12 septiembre 2010 § Deja un comentario

No sé cómo he acabado aquí, donde veníamos a gritarle a la ciudad para que se despertara, justo antes del amanecer. Es un poco incómodo conducir durante todo el camino sin mirar al asiento vacío del copiloto, pero paro, salgo, me caliento las manos, cuento los segundos igual que hacías tú y luego grito, y cuando se me acaba el aire se enciende la primera luz. El mundo sigue girando.

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