galletas de limón I

1 diciembre 2010 § Deja un comentario

Si ya me lo decía mi madre, que muchas luces no tengo, que soy demasiado inocente, demasiado confiada. Que voy de enterada por la vida y no me entero de la mitad. D. me había advertido del enamoramiento, pero qué lejos está esto del amor. Más bien cabalga entre la rabia y la indignación por no haber visto venir eso de lo que yo misma era profeta.

[…]

La puerta se convierte en angustia y la huída es un error, igual de error que la confesión siguiente y la insistencia casi confiada. Después de saber qué hacer para no equivocarme. Pisar la baldosa rota como un pato ciego, casi por obligación, porque ahí está el truco: por más que hayas presenciado el espectáculo miles de veces, cuando te toca también picas. Como todos. Habrase visto semejante… Estúpida.

Tal vez debería llamar a Dorothy, contárselo, para que me lo advierta otra vez, para que yo niegue de nuevo y aun así se me pase el enfado. Seguro que al menos no se ríe tanto como Ella.

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