aquellas extrañas formas de agradecer

3 enero 2011 § 2 comentarios

Esto es algo que no sabes del todo y que nunca llegarás a entender por completo, porque, eh, estas cosas son así y no siempre el mago desvela sus secretos minúsculos que se supone guardan para niñas-de-pelo-corto-recién. Pero lo cierto es que todo lo bonito es bonito mientras dura aunque luego se vaya a acabar y todos seamos conscientes; lo cierto es que hay cosas que no se dicen por miedo, hay cosas que sí se dicen por miedo, hay cosas que se dicen sin pensar, otras que se meditan mucho antes de decir y hay simplemente cosas. Espero que la chica que no llegó a bailar These boots are made for walking entienda lo que estoy diciendo porque si no no lo va a entender nadie y sería un desperdicio bastante irresponsable de tiempo.

Lo cierto es que parece realmente absurdo dar las gracias algunos días, porque se supone que no tenemos motivos recientes. Como si para agradecer algo hiciera falta un motivo reciente. Qué frustrante, el mundo, a pesar de que haya mucha gente que diga ser V y tú y tú y tú y yo sonriamos pensando que es verdad. Las gracias se dan cuando el vecino te aguanta la puerta del ascensor, cuando la camarera de Las Manolitas te trae la cuenta y sobre todo, cuando te apetece. Sin motivos ni tampoco explicaciones que al final son inútiles porque si quieres decir algo tan importante las palabras se quedan diminutas sobre el fondo blanco y todo se vuelve tan ridículo que dan ganas de llorar.

Lo cierto es que parece absurdo dar las gracias algunos días y entonces no lo hacemos, aunque nos hayamos levantado de la cama pensando que alguien es culpable de que nos pintemos los labios hacia arriba, aunque queramos que ese alguien que debería estar en la cárcel por obligarnos a ser felices sin causa sea ahogado en el interior de un abrazo. Aunque haya un par de duendes que se empeñen en estar a tu lado cuando estás jodida porque también estás radiante y eso les gusta. Aunque haya quien hable desde el otro lado de la pantalla, a diez, cien o mil kilómetros de la tuya sólo para dibujarte un icono amarillo que te sirva de espejo, o para aguantar que te estés muriendo por dentro y sólo puedes mover los dedos sobre el teclado… Algunos días parece absurdo dar las gracias y entonces no lo hacemos.

Y otros sí.

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