Tuve una pesadilla con el Dalai Lama

14 febrero 2011 § 1 comentario

En mi pesadilla, estaba esperando en la cola de recepción de Su Santidad y cuando llegaba a mí, me decía “Sí, sí, encantado de conocerte” y se iba.

Anoche me perdí la primera mitad de los Goya y decidí que no merecía la pena -me iba a enterar por Twitter de todos modos, como me entero de todo últimamente-, así que preparé la cena y vi el final de capítulo de Pushing Daisies pensando que no tardaría en irme a la cama a leer. Pero oh, sorpresa, me encuentro con Dalai Lama Renaissance. Definitivamente, La2 es un buen canal de televisión. He dicho.

El documental en sí es bastante breve para mi gusto, pero da qué pensar. Más. Porque llevo algunas semanas provocando la niebla de Londres de tanto pensar. Entre unas cosas y otras no tengo más que tres ideas bastante pobres tan enredadas como el cable de los auriculares, pero me molestan. Ya divago… A lo que íbamos, el documental. Trata acerca de un proyecto, Síntesis, cuyo propósito consiste en crear grupos de discusión para alcanzar una solución al sufrimiento de los más pobres y resolver muchos de los problemas que afectan al mundo. O algo así. Entre ellos está el típico señor que no calla ni bajo amenaza de muerte, que a pesar de lo interesante de su discurso se hace cansino y  más bien detestable. Él habla de la bondad. Me recuerda un poco a mí cuando soy imbécil y creo que todas las personas son como yo y que nadie hace nada para dañar a ningún otro nadie de forma voluntaria. Pobre tipo. En Síntesis participan especialistas en física cuántica, escritores de ciencia ficción, economistas, biólogos y humanistas, pero personalmente me quedo con un hombre que no tiene la necesidad de hablar directamente con Su Santidad, sino que, en un ejemplo admirable de humildad, confía en el grupo y prefiere escuchar y aprender. Soy fan.

Me llaman la atención dos cuestiones que los cabeza de grupo plantean al Dalai Lama y las respuestas de éste, que vienen a ser la misma. La primera es una estrategia para cambiar la posición de China con respecto al Tíbet, al mundo y a China: dejar de consumir todas sus exportaciones hasta que cumplan con una serie de condiciones a nivel global. La segunda, una proposición atrevida y a mi entender poco considerada, ya que proponen una revolución mundial liderada por Su Santidad, quien, como era de esperar, se niega por completo. Pues bien, les responde más o menos lo siguiente:

  1. Desde su posición como lider espiritual y predicando lo que predica, no puede dar su aprobación explícita a hundir la economía del país más poblado de la Tierra, es decir, ante todo defiende la humanidad, por encima de todas las cosas. Y si una solución tan drástica significa dañar a esa elevadísima difra de personas, sencillamente no es una solución. Sin embargo responde un sí cauteloso en base a la hipótesis de que tal acción fuera a mejorar de algún modo el futuro de esa humanidad.
  2. Por supuesto, el Dalai Lama no encabezará ningún movimiento revolucionario porque cambiar el mundo con un par de sentimientos bonitos es tan complicado que se antoja imposible. La cuestión no es levantarse en armas contra el sistema, los políticos, el planeta, porque si no podemos solucionar nuestros propios problemas cómo vamos a poder con los grandes. Otro gesto de humildad. Cada uno tiene que limpiar su patio antes de pedir una ciudad limpia. Tú el tuyo y el vecino el suyo y su primo segundo el suyo y así hasta llegar a ti de nuevo, que tienes que aprender a fregar las baldosas sucias de tu patio y buscar la felicidad ahí, en tu patio. En el tuyo. We want hapiness. We do not want suffering. Everybody. Any sentient being. Now, we are actually creating more unnecessary suffering […] If we are more compassionate person I get more benefit. I will be more happier person. That’s the point […]. So inner peace is the ultimate source of hapinnes. So I think people do not understand that“.

No nos engañemos. La felicidad es un bien individual, no existe la felicidad colectiva. Yo he aprendido que no tengo derecho a quejarme y que la felicidad no me la va a traer la cartera que llama al timbre una vez por semana con el correo certificado, que me la tengo que buscar, me la tengo que ganar yo solita a base de trabajo, y que lo que buscamos no es solucionar el problema concreto , sino el método para afrontar estos y los que vengan y sobrevivir sin que nos ganen terreno. Que el patio que me toca limpiar está dentro, aquí, y que es mío me guste o no.

Volveré a ver el documental en otro momento. Es probable que la próxima vez me aporte algo muy, muy distinto.

 

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§ Una respuesta a Tuve una pesadilla con el Dalai Lama

  • Daeron dice:

    Yo me lo apunto para un rato libre, suena por lo menos interesante (y utópico a ratos), será entretenido.
    Busquemos ese método, a ver si conseguimos un patio limpio. =)

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