Decir (te) quiero

22 febrero 2011 § 3 comentarios

Pero sí importaba, aunque le gustara hacerse creer que pensaba lo contrario. Se sentaba en el sofá y se miraba los dedos de los pies. Los movía, los separaba y cerraba un ojo para ver el mundo a través del hueco minúsculo que dejaba. Era un espacio muy pequeño y por tanto era un mundo muy pequeño, uno en el que sólo cabían amistades a distancia nunca del todo sinceras, sobres para guardar extraños regalos y dos palabras que se repetían tanto como una vez se repitieron ojos de perro azul por las paredes de la habitación que compartía. Te quiero, te quiero, te quiero. Bel sólo pronunciaba aquella expresión, empleada de forma tan gratuita últimamente, cuando entraba en el mundo diminuto de la ventana entre los dedos de sus pies sucios. Y eso lo hacía cuando se quedaba sola y nada más entonces, cuando el portazo o cuando el segundero del reloj sin números o, y era cuando más gustaba y cuando más dolía, los días que llovía tierra roja y no había nadie sobre la superficie del planeta que quisiera tomarse la última en Sous le ciel de Paris y se la fuera a encontrar, precisamente a ella, fumándose el que decía que sería el último y garabateando letras desordenadas en un cuaderno, y le dijera que tenía los pies bonitos, que podría haber sido pianista , para que ella se hubiera llevado a casa a ese alguien por el simple gusto de arrastrar a un desconocido al precipicio y luego, con la misma sencillez, le hubiera dejado escapar para el portazo, el segundero y la despedida en el hueco entre los dedos.

Porque los días que llovía tierra roja todo el salón se llenaba de olor a húmedo, y entre la humedad de la calle, la de los ojos y la de sus bajos fondos, el aroma se volvía dulce y espeso y daban ganas de decirlo: te quiero.

Hoy mira a través del cristal y se da cuenta de que pronto volverá a llover como antes y entonces sí, lo dejará escapar igual que se le escapa el humo, bajito. Hoy, intuye que Soir lo sabe también, lo importante que es, porque se lo enseñaron la una a la otra,  y mira, siempre por esa separación de sus uñas mal pintadas, el portarretratos donde debería haber una foto de las dos hecha por la chica del también-pelo-corto-recién que es Soir, que es también una niña que está aprendiendo a decir y que todavía desconoce todo esto, el por qué del rojo de las nubes y del olor del cuarto y de morderse la boca para no quebrar la soledad del pisito desde el que escribe cartas a Montmartre.

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§ 3 respuestas a Decir (te) quiero

  • Noelia dice:

    Fumándose el que decía que sería el último y garabateando letras desordenadas en un cuaderno, y le dijera que tenía los pies bonitos, que podría haber sido pianista…” Simplemente, me encanta . Besitos 🙂

  • Daeron dice:

    Ojosdeperroazul, ojosdeperroazul, ojosdeperroazul, =)
    Sólo María y tú podeis establecer esa comparación…me encanta.

  • Connie dice:

    Maravilloso. Incluso quitaría el último párrafo. No lo necesitas.

    Muaks.

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