escena de reflexión ebria

26 febrero 2011 § 1 comentario

Revolotea una pequeña mariposa de menta alrededor del milimétrico halo de alcohol y olores de tabaco y vicio que le cubre la piel como una crema hidratante; el insecto va dejando un rastro de silencio que demuestra que se ha quedado sin argumentos para convencerla de que todo esto merecía la pena. Es absurdo, ridículo, porque nunca necesitó esa mano que la atara a este quedarse y aguantar. Lo supo desde el principio. Que era lo que debía, lo que quería hacer. Quedarse y aguantar y seguir escribiendo constantemente en las paredes de un cuarto que todavía no existe y redactar listas y listas de cosas por hacer, de tiempos que perder y de canciones que recolectar como si fueran fruta roja.

La gente “normal” no piensa tanto, o al menos eso parece. La mujer de los gatos está de acuerdo. Habría sido más sencillo dejarlo pasar, dejar de beberse las palabras que se han quedado atrapadas entre sus sienes, rebotando y produciendo eco; dejarse. Pero para marcharse también hay que saber aguantar.

Pequeña mariposa, la decisión estaba tomada antes de que ni tú ni yo ni nadie lo supiera, le dice. Yo conozco el miedo y también la palabra y la promesa, el no volverá a pasar pero pasa. He convivido siglos con los lacrimales heridos, las manos vacías y las ganas palpitándome la punta de la lengua. Y cada vez he hecho un esfuerzo, las he empujado hacia el interior, me las he tragado literalmente porque quedarse significa no echar en cara la espera ni el año anterior. No te equivoques: no hay mérito, no martirio, pues no es cosa mía. Esto venía dado ya, por mucho que nos joda hablar del destino. Me quedo.

Y se quita la ropa y la pintura y los ganchos que le sujetaban el pelo y la integridad. Pero el bicho se queda también, por si mañana necesita que se lo vuelvan a recordar.

Anuncios

§ Una respuesta a escena de reflexión ebria

  • Daeron dice:

    Qué aburrido y fácil sería dejarse… y cuántas palabras se perderían. Ya no es sólo la guerra, es todo lo que conlleva.
    Y sí, la excusa más cobarde será culpar al destino y todo lo que el señor Serrano quiera, pero manda huevos.
    Ya no concibo mi vida sin casualidades.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

¿Qué es esto?

Actualmente estás leyendo escena de reflexión ebria en sur la corde raide.

Meta

A %d blogueros les gusta esto: