20 marzo 2011 § 1 comentario

Fue un gracias merecido de tan seco, pero porque sólo había pedido algo una vez y no se le concedió. Quizá la causa fuera que llevaban una vida entera esperando a que pidiera y aquel no era el mejor momento para estrenarse. Ahora había que agachar la cabeza, admitir alguna culpa, pedir perdón. Lo de siempre. O simplemente esperar que no leyera la nota de la nevera y se le pasara sin más.

 

 

[sí, casi mejor así, porque no tiene muchas ganas de disculparse]

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