6 abril 2011 § Deja un comentario

Quieres irte pero no te vas,
la última noche duele más
de lo que pensabas y es quizás
porque no es tu decisión.

El último intento fue igual de fracaso que siempre, pero hubo más tiempo para pensar -y quizá eso fue lo peor-. Ahora déjame que ya, vete a jugar con tu teatro de títeres y que te aguanten tus maderas lo que no te aguantaron las mías. Y para una vez, la única vez en toda la puta vida que habían ganado las rendiciones, reapareció el enfermo pidiendo auxilio, diciendo que tal vez, sólo tal vez, se quería curar. O a lo mejor lo que quería era una nueva oportunidad para recuperar la carcajada fácil, gratuita. De cualquier modo sabía quién contestaría, quién diría que no, que aún no le respondió. Y sabía también de quién podía reírse y que sanar era un imposible que había llegado tarde.

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