Nunca es tarde para volver a las fallas

27 abril 2011 § Deja un comentario

Anoche no podía dormir. Algo me rozó el pie y me entró un pánico irracional e infantil que me da a veces después de ver películas de terror que no dan miedo. Estuve un ratito dando vueltas en la cama antes de encender la luz para leer. Leer es lo único que me sacude el polvo del miedo por las noches, porque soy un poco paranoica y si me pongo música pienso que el hombre del saco va a venir a por mí y no lo oiré llegar. Tengo Lolita -a mitad de relectura-, El mago de Oz y la antología de bolsillo de Machado a la que  estoy dando un repaso sobre el escritorio, apilados en ese orden. Encima de la torre reposa una nueva adquisición. Hacía tiempo que quería llevármela a casa y todavía no lo había hecho. Cosas de tiempo y de dinero: cuando paseo por Fnac, y eso es algo que hago con una frecuencia tal que empiezo a pensar que es enfermiza, suele ser sólo para mirar o para regalar. Y sucede que yo ya leía a la Fallera antes de conocerla (gran anécdota: nos encontramos en la entrega del Primavera a Fernando Marías, Zeta me la presentó y no supe quién era hasta que nos despedimos), pero sabiendo que ahora La fallera cósmica está en papel y se puede leer y recuperar en la comodidad cobarde del colchón, no me podía resistir. Es que volver a las primeras entradas siempre me da pereza, la página es mucho más agradable.

El blog de La fallera cósmica

Esta entrada iba a ser un correo para Marina, un correo sincero en el que decirle que apagué la luz a las 4am, que me ayudó con lo del insomnio que no era tal, sino más bien un ataque de miedo al monstruo del armario, pero sobre todo, un correo para contarle, como ya le habrán contado otros, que me  ha vuelto a pasar: he llegado a creer que la conocía de verdad, casi que escribía cartas para mí. Qué injusto eso de los blogs. Es la verdad. Ahora me queda seguir ahí, leyendo online, y concienciarme de que es mentira. Por mucho que camine de nuevo entre sus líneas, hasta que no venga a hacer esa lectura que negó una vez a mi ciudad no tendré oportunidad de introducirme despacito en su Espacio. Eso sí, nadie podrá evitar que entonces lo intente.

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