Bel no sabe qué quiere

29 mayo 2011 § 3 comentarios

Bel no se siente cómoda dentro de su propio cuerpo, de su propio mundo. Querría abandonarlos, convertirse en aire y sobrevolar las nubes grises que están asfixiando el principio del verano; marcharse lejos y descansar mucho; dejar de fumar, escribir más cartas, enviar los regalos que debe y parar de una vez por todas de decir mentiras. Le gustaría ser capaz de pedir ayuda, de gritar auxilio para que alguien la rescate de sí misma, pero eso es algo que jamás aprenderá a hacer.

Tampoco le gusta su voz, su palabra se está convirtiendo en algo sobrevalorado y eso la incomoda. Es una gran responsabilidad que tantos ajenos dependan de un mismo núcleo. Es una gran responsabilidad ser ese núcleo. Y sin embargo no puede desvincularse del centro de la diana a la que van a parar todos los golpes, y escucha y aconseja, sienta a tanta gente en su sillón de vomitar angustias emocionales que los cojines se han olvidado de la silueta de su cuerpo y ya no la aceptan y se tiene que quedar de pie cuando al fin la dejan sola. Algunas noches llega a creer que preferiría volver al cabello largo y las pestañas limpias, retomar la función donde la dejó, en el punto exacto en el que decidió bajarse del escenario y dejar de actuar, salpicarse las trenzas con flores de plástico y dibujarse una sonrisa estándar para sacarla a pasear con correa por su ciudad pequeña e ignorante.

Así, plantada en el centro de su cuarto con una taza de té frío entre los dedos de una mano y un inevitable cigarrillo apagado entre los dedos de la otra, piensa en Marla, en lo difícil que se lo llega a poner a veces, en todo lo que Bel la hace aguantar, en que la culpa es suya y de nadie más. Y también piensa que muy, muy probablemente, la única que comprenda sus ganas bipolares sea Soir. Pero hoy no tiene fuerzas para escribirle una carta larga y decirle que necesita una bronca de las de acabar llorando y lanzando la taza al suelo, y luego clavarse los pedazos afilados de la cerámica en los pies y sangrar las cicatrices viejas. No lo hace, como no lo hace nunca. Porque en realidad a Soir le hacen falta menos de 140 caracteres sin remite para darse cuenta de cuándo Bel necesita arrancarse la piel a tiras.

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§ 3 respuestas a Bel no sabe qué quiere

  • Daeron dice:

    Y en lugar de clavarse la cerámica siempre acaba buscando nuevas responsabilidades que subir al carro y sacar adelante…

  • Marian dice:

    Y no sé por qué pero tu relato me huele a un pasado familiar que nunca ocurrió o que olvidé demasiado rápido. Me encanta de una manera que no alcanzo a explicar. Gracias mi niña

  • Cath dice:

    Soir comprende las ganas bipolares. Y lo pasa mal, realmente mal, más que nunca. Soir también pasa por esas ganas bipolares…

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