Pero está bien

22 julio 2011 § 1 comentario

Empezar una conversación diciendo no te preocupes es lo peor que puedes hacer si quieres tranquilizar a alguien. Bel supone, al releer la nota minúscula que ayer sacó del sobre, que por eso Soir se lo suele callar. Igual que se calla los dolores psicosomáticos y los plomos colgando, agarrados a sus hombros con anzuelos oxidados. Pero a pesar de eso, de las esquinas blancas del papel, de los gritos mudos escondidos bajo la cama, justo detrás de las botas que nunca se volverá a poner porque le recuerdan aquello, lo que hiere, y a pesar también de los dulces olores con los que Soir intenta ocultarse el aroma desconocido de sus dedos, a Bel se le revuelven los estómagos. Los, en plural, porque para tragar todas las angustias que la acosan necesita muchos estómagos apretados en la tripa. Y siente el gusano de Soir reptando por su garganta, y lamenta no ser ella quien pueda vomitarlo para que no tenga que desconvencer a nadie nunca más con ese pero estoy bien.

Empieza a escribir una carta y la deja a mitad durante tanto tiempo que el folio huye de la mesa y se deja tostar por el calor del suelo. No se agacha a recogerlo, por pereza o porque no merecía la pena. Empieza a escribir una carta. Otra. Le quiere explicar que no hacen falta las palabras, que si ellas se cortan el pelo cuando empiezan a ahogarse es para que ciertas personas puedan leerles las verdades en la nuca, justo en ese momento en que se dan la vuelta y se van porque son incapaces de decir. Cuando ha gastado la mitad de los árboles del Amazonas intentado dar forma a algo que no sabe muy bien cómo expresar,  arranca con los dientes un pedacito de sus sábanas secas y apunta algo en él con rotulador permanente. No es una respuesta a la pregunta de Soir. No es una respuesta a ninguna de sus preguntas, en realidad.

Se despereza y lee en voz alta lo que le tiene que decir a la chica del pelo-corto-recién.

Lo sé.

Y suspira un suspiro largo y tendido, uno de vaciarse antes de empezar el día para que cuando llegue la hora de no dormir no le pese demasiado el aire acumulado. Mientras, se acuerda de aquel video musical en el que todo parecía hasta fácil , como si el mundo se pudiera arreglar saltando y bailando. Y le dan ganas de saltar y bailar y sacudir una melena que le oculte la cara de sueño y las verdades.

Pero hace años que no tiene una melena así.

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