Las ganas las trae la lluvia

4 septiembre 2011 § 3 comentarios

El problema es el ansia, esa sensación angustiosa que escoge distintos puntos de la anatomía de Bel para hacerse explícita. El problema es que ahora mismo se dejaría morder hasta los huesos que no tiene para que alguien la hiciera sentir, aunque fuera el dolor de los dientes en el costado, pero no hay ni cuarto ni dientes ni esqueleto disponible para limpiarse a fondo.

Y amanece sola y atardece sola y le escuece ya la piel de tanta soledad y del calor del agosto que lleva días sin querer abandonar del todo la batalla contra un otoño rutinario, y simula con sus manos unas manos que ya casi ha olvidado de tan lejos como las tiene, recorriéndose las esquinas para no olvidarse también de ella misma. Pero lo cierto es que hay un problema y las palabras no ayudan, ni sus manos ni la lluvia intermitente sobre su cristal. Todo lo contrario. Y mucho menos Marla, quien desconoce los efectos secundarios de ese juego, lento y espaciado, de desconocerse ahora.

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