El insignificante detalle de morir o no

26 agosto 2012 § Deja un comentario

Hace unas semanas, A. me invitó al cine. “Es un preestreno”, me dijo, y yo acepté sin hacer preguntas. A caballo regalado… El caso es que pasé toda la película con los labios entreabiertos y una única idea anclada en la mente: aquella historia era la adaptación de una novela. Seguro. Al abandonar la sala repetí la afirmación en voz alta, y A. me lo confirmó al día siguiente. En efecto, Silencio de hielo está basada en una novela homónima de Jan Costin Wagner, y como detesto el verano y me parecía una buena excusa para encerrarme a la sombra, hice lo imposible para conseguirla.

Silencio de hielo / Portada de la novela y cartel de la película.

Silencio de hielo / Portada de la novela y cartel de la película.

El film tiene una fotografía fantástica, de eso uno se da cuenta en el momento en que la sala se queda a oscuras. Los juegos de luces en pantalla son tan increíbles que en ocasiones pueden hacerte olvidar que hay un par de niñas violadas y asesinadas en el argumento, y en cuanto a los personajes, admito que me enamoré sin remedio del actor que interpreta a Joentaa, excentricidades incluidas -siempre me han gustado los tipos raros-.

En cuanto a la novela, su discurso parece de lo más normalito, común, sin grandes expectativas, pero contiene desde el principio un neuroticismo oculto que crece exponencialmente de la mano de los personajes. A mayor tensión de la trama, mayor espontaneidad. La narración se vuelve tan simple, tan natural, omite tanto adorno y vela tanta información que más parece una secuencia de capturas fotográficas que sin ninguna duda han facilitado enormemente el trabajo de los cineastas.

Y sin embargo.

Sin embargo hay tantas incongruencias, tantas variaciones entre guión y novela que incluso mi amigo el lector anónimo de la piscina ha estado más pendiente de mis cambios de expresión que de sus propias páginas. Yo puedo entender que se modifiquen fechas e incluso nombres. Una embarazada en el Cuerpo siempre da mucho juego, por ejemplo, aunque no hayan sabido aprovecharlo del todo. Y en eso no estoy de acuerdo, aunque lo puedo soportar. Pero la desaparición de personajes importantes como Tapani, el hijo chiflado de Ketola, me ha sacado de quicio -a posteriori, obvio-. Y no hablemos del final. No quiero desvelar nada, así que no entraré en detalles, pero al parecer se decidió reescribir la historia y contar otra completamente distinta. Cosas que pasan, supongo. Cosas que a mí me hacen blasfemar en inglés (WTF, que escribiría en Twitter) y a mi amigo el lector anónimo sorprenderse y sonreírme entre las tapas de su libro.

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