Todos somos José García

10 septiembre 2012 § Deja un comentario

Lo conseguí algo tarde, pero lo conseguí y cayó en una noche -una mañana, en realidad-, como suele pasar con mis mejores víctimas. Pero qué bestia eres. Eso me dijo Jordi Corominas cuando le conté que había acogido al fin a José García, que habíamos desayunado juntos dos veces el mismo día, que habíamos decidido que se quedaba. Leí el primer capítulo pensando “todo esto es muy Jordi” y no pude borrarme esa media sonrisa hasta las últimas páginas, si acaso abandonándola un par de segundos para la sorpresa, y también le encontré allí. Muy típico de J., dejarme con la boca abierta a cada rato.

jose garciaHe leído en varias ocasiones “José García somos todos”, escrito casi como una consigna, y lo cierto es que es cierto. Italia, fútbol, sexo, Barcelona, patear o pasear las calles, José García, venganza, la teoría de los seis grados reducida al mínimo, la cotidianidad hecha literatura de la buena. Capítulos no aptos para cardíacos, monólogo interior a velocidad real y vértigo. Nanosegundos. Ya sabíamos que Jordi Corominas tiene un estilo propio muy característico (yo le conocí como poeta, empecé con Paseos simultáneos y me declaré incondicional), pero en esta novela publicada por Barataria lo re-demuestra. Jordi vuelve a hacerme muy fan, paso las páginas y casi puedo oírle leerse en voz alta, recitar la gracia y la desgracia de quien podría perfectamente ser tu desconocido de panadería de cada mañana, el callejero de una ciudad que si no es la tuya bien podría serlo.

Harto de llamarse José García, Manolo López se bautizó en un vuelo entre Madrid y Berlín, donde fue a destruir la creencia de sus amigos, empecinadosen tener más luces de modernidad por residir en la capital alemana. Lo hizo en el aire para no tener que sentir ataduras terrenales.

Así se explica que todos podamos ser y seamos un poco Josés Garcías, con la (a)normalidad de la vida. De eso tenemos todos.

Diré una cosa más, sólo una y con absoluta seguridad: las diez últimas páginas recogen una de las mejores historias de amor jamás escritas. Me da miedo pensarlo, pero sería hermoso que todas amasen como amó Teresa.

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