De los títulos sin título

19 febrero 2013 § Deja un comentario

Adopté mi ahora adorado ejemplar de Historia de amor sin título porque la portada me prometía un corazón de verdad, algo un poco sucio pero latente; por eso de los supervivientes que pone en la contra; porque yo también amé a Garrel (casi) hasta la locura y porque cuando lo abrí por una página al azar me topé con The Animals. Por eso y porque Ochandiano ya me gustaba en el resto de sus facetas y sentía curiosidad por saber si fluye siempre igual. Y ahora sólo puedo decir vaya con Ochandiano, acaparador de talentos.

Historia de amor sin título. Rubén Ochandiano (2012)

Historia de amor sin título. Rubén Ochandiano (2012)

Esta novela con alma de guión recoge una historia “de verdad”. No quiero decir real, no quiero decir biográfica. Digo “de verdad” y lo que quiero decir es rotunda, posible. ¿Que cómo va a ser posible haber sido y no recordarlo, o que el amor haga enloquecer, o que alguien que es y no es Louis Garrel viva sin corazón? Pregúntenle a Mario, pregúntenle al autor: indiscutiblemente lo es. ¿Y acaso no es esto lo más importante de una historia, que el lector/espectador se la crea de cabo a rabo, sin dudar ni un instante? A esto puedo responder yo: indiscutiblemente lo es.

Historia de amor sin título no tiene título y a mí me gusta así. Y no sé si se debe al reblandecimiento de los órganos importantes -cerebro, corazón- que estoy sufriendo estos días, que leo y soy Mario, y soy Berta, pero también soy Louis, mi querido Louis, y Javi, y soy hermana y madre y abuela y soy incluso Ernesto. Y soy rara, y gorda, y marica. Y estoy loca, y todo duele, y por amor, aun sin nombre, iría a cualquier París, aunque no fuera mi París, a recuperar el corazón robado. No sé si, como digo, se debe a mi estado gelatinoso, o a mi condición de amante, o si por el contrario todos somos, en el fondo y al margen de quien nos dejan ser, cada uno de los personajes que vagan sobre las páginas de esta novela.

Historia de amor sin título no tiene título y a mí me gusta así. Porque podría llamarse de infinitas formas. Porque bien podría llevar mi nombre, señores. O el suyo.

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