Anestesia

23 junio 2013 § Deja un comentario

Ahora lo veo claro: darse a la bebida es una opción serena. Anestesia. Eso se dice Bel sentada sobre un colchón que no es el suyo pero tampoco es el de nadie, un colchón antiguo que pertenece a la niña que fue Bel cuando en verano madre no la dejaba dormir en el suelo pero le consentía el fresco de su cercanía. Ha manchado de tierra las sábanas porque caminaba descalza pero ni fuerzas tiene para lavarse y de cualquier modo tampoco es que tenga que compartirlas con nadie. No-esta-noche-no-ninguna-noche.

Sobre el mismo colchón propiedad del tiempo yacen cuerdas mudas de una guitarra sin canciones, cuadernos a medio garabatear con la goma echada. Es doloroso ver cómo se cierran los cuadernos negros cuando llega el tiempo de la abulia y ya no se escriben, igual que si alguien inventase una combinación imposible para proteger a la bestia que redacta de vomitar estupideces en las que no consiga reconocerse luego.

Y Bel, que está tan pero tan cansada -y Bel que es la bestia y Bel que no se molesta en sacudir las manchas oscuras que dejó en las sábanas y Bel que ya ni cantar, que ya ni escribir puede-, lo piensa pero no lo decide porque no hay tequila en esa casa que no es su casa sino la de la Bel pequeña, la que no bebía, claro.

Y estar sola es estar sola.

Y eso sí es una realidad absoluta.

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