Liniers sabía

8 octubre 2013 § Deja un comentario

Conté que durante el frío me abrigué a base de libros.

Conté que leí como leo siempre, de forma compulsiva. Pero aquel invierno más. Que estuve refugiada en ficciones robadas, en mentiras que no me correspondían. No que fui feliz, no. Que la trinchera para serlo o para no estaba hecha de papel, sólo eso.

Conté que durante el frío no escribí salvo cuando no quedaba más remedio y entonces vomitaba sobre un cuaderno negro que es exactamente igual que el resto de mis cuadernos negros. Que aquel invierno los otros escribieron por y para mí y yo me dejé. Que leí, leí, leí. Leí en la cama, en el sofá y en el ascensor. Durante el desayuno y el insomnio. En el trabajo, una hora antes de empezar. En la cafetería, una hora antes de la hora antes del trabajo. En la calle, de camino a la cafetería.

Me preguntó entonces cuánto me perdí por vivir tras las tapas.

¿Cuánto te has perdido?

¿Y cuánto he ganado?

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