B. 

7 abril 2017 § Deja un comentario

Peñalver, el tío Blas, el adorado y temido pero siempre por su chiste, el jilguero mudado a hombre, el patriarca generoso con su prole, el iaio, exclusivo para mí durante mis primeros nueve años, me ha consentido hoy los tres besos sin susto ni mordisco. También los cuidados y las gracias al oído. Y un dolor aquí, aquí, que se hace bola y que no sale. 

Pero he llegado a casa después de cuatro días y he encontrado el estallido de la orquídea, como diciendo sigue, como diciendo cuida y crece que yo cuido y crezco en cada cosa, y pienso en todas las concesiones que me quedan todavía y sé que tanto él como yo lo hemos hecho lo mejor que hemos podido, y que eso es casi como haberlo hecho bien. Y pienso además en cómo presumía al llevarme de la mano porque ya estaba grande y quiero entonces seguir. Ojalá sepa yo crecer y cuidar así, como él.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

¿Qué es esto?

Actualmente estás leyendo B.  en sur la corde raide.

Meta

A %d blogueros les gusta esto: