del personaje estableciendo un tempo

19 marzo 2014 § 1 comentario

El tiempo es un arma implacable para las bestias.

El tiempo es un arma implacable porque se detiene y cuando eso pasa da más miedo que cuando lo ves precipitarse contra el cuerpo del animal que aguarda, contra el esternón, de cabeza, contra los huesos. Cuando eso pasa el cuerpo del animal se estremece y piensa ya está, piensa el cuerpo no ha sido golpeado pero a cambio es caduco, piensa se acabó, se acaba, y se le eriza el vello y las orejas se le pliegan hacia atrás y el animal, claro, se vuelve feo, porque todos los animales, cuando creen que van a morir, se vuelven feos. Y Bel que no es Bel porque no estamos hablando de esto sino de otra cosa prefiere decir a mí dejadme estar, yo no tengo nada que ver con el tiempo, y si el personaje ha de venir, vendrá.

Y el personaje viene.

L’inconnu.

El tiempo es un arma cuando se abalanza y cuando se detiene pero el personaje está y aunque Bel lo ha cegado con ese yo no quiero saber nada, él estira la palma y acaricia el lomo y suena tic y luego suena tac y parece negra igual a sesenta, como si estuviera devolviendo el impulso al plomo de un metrónomo, como si estuviera indicando, sin una sola palabra, este es el tempo y no otro, tic, tac, negra sesenta. Y A. -así se llama este animal que se pone en marcha tras la larga pausa, A.- entreabre los labios y tiembla y respira por la boca antes de lamer la mano ciega, antes de morder la mano ciega con dientes romos porque no quiere dañarla y aunque quisiera no podría. Y luego el resto.

Cuando acaba, si es que ha acabado, A. escribe en alguna parte:

como haberse comido, sabes, como haberse comido pero no haberse dejado comer. 

Mina Milk

Mina Milk

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