Mishima para sobrevivir a septiembre

11 septiembre 2014 § Deja un comentario

Si Carmen G. de la Cueva me dice

odio cuando la gente llama bonitos a los poemas los poemas no son bonitos no pueden serlo
son crueles o brutales o hermosos o flechas clavadas en tu corazón capaces de arrancarte el alma pero no,
bonitos no pueden ser nunca

yo asiento y me golpeo el pecho como feligresa en plena oración.

yukio-mishimaPor eso, cuando A. me preguntó si había echado un vistazo a los libros que me había traído a casa para salvarme de la ansiedad –un tomo de Nick Furia, una novela juvenil de terror, dos ediciones de Madame Bovary a elegir y un par de títulos de Yukio Mishima-, la respuesta fue que estaba enfadada.

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Los años de peregrinación del chico sin color

23 diciembre 2013 § Deja un comentario

Un lector de Murakami sabe a qué atenerse. Sabe que el escritor puede no contar nada durante doscientas páginas y que aun así te mantendrá atrapado en ese pequeño universo en el que se desarrollan sus historias -incluso las que parece que no guardan relación alguna con la magia latente que sobrevuela novelas como 1Q84– hasta que, con una sensación extraña de aspereza y corporeidad en las yemas de los dedos, te topes con la contraportada y no entiendas cómo has llegado a parar ahí.

Murakami siempre me recuerda a Murakami”, escribí hace poco durante una conversación sobre títulos y autores comerciales que mantuve con una amiga librera. Y me quedé tan ancha, pensarán. Pues sí, pero es la verdad: nadie más puede hacer que no desista y acabe leyendo en diagonal un diálogo acerca del tiempo o el mejor método para vender coches. Nadie más produce ese desasosiego tras describir las conexiones entre cuerpos durmientes y el resto de este mundo o, quién sabe, de otro bien distinto, como ocurre en la ya mencionada 1Q84, en Crónica del pájaro que da cuerda al mundo o en After Dark, por ejemplo. Murakami recuerda a Murakami y eso es lo que hace de nuevo en Los años de peregrinación del chico sin color, su obra más reciente, que ha sido publicada en la Colección Andanzas de Tusquets.

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Los años de peregrinación del chico sin color

Por si se va la luz | Literatura en mayúsculas

4 noviembre 2013 § Deja un comentario

Leí sobre Lara que es como una avispa. Leí que puede llegar silenciosa y antes de que puedas darte cuenta clavarte ese aguijón que te inyecta algo con la intención de quedarse mucho, mucho rato. Tal vez para siempre, por discreto que sea el veneno, por mucho que quiera negarse a sí mismo disolviéndose transparente contra la sangre. Y como leí estas palabras después de haber leído las de sus cuentos, pude asentir en silencio pero con convicción mientras me rascaba la cicatriz del picotazo.

Lara Moreno, el Nuevo Talento Fnac de Literatura, publica con Lumen su primera novela, Por si se va la luz, y yo me abrazo a sus páginas pensando que van a salvarme, que son un refugio en caso de que el título se haga realidad. Pobre de mí. Pobre de mí porque Nadia me escupe a la cara, me dice “has venido aquí con nosotros, vamos a instalarnos en la Nada y no podrás marcharte”. Soy obediente. Permanezco.

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Por si se va la luz, Lara Moreno.

Liniers sabía

8 octubre 2013 § Deja un comentario

Conté que durante el frío me abrigué a base de libros.

Conté que leí como leo siempre, de forma compulsiva. Pero aquel invierno más. Que estuve refugiada en ficciones robadas, en mentiras que no me correspondían. No que fui feliz, no. Que la trinchera para serlo o para no estaba hecha de papel, sólo eso.

Conté que durante el frío no escribí salvo cuando no quedaba más remedio y entonces vomitaba sobre un cuaderno negro que es exactamente igual que el resto de mis cuadernos negros. Que aquel invierno los otros escribieron por y para mí y yo me dejé. Que leí, leí, leí. Leí en la cama, en el sofá y en el ascensor. Durante el desayuno y el insomnio. En el trabajo, una hora antes de empezar. En la cafetería, una hora antes de la hora antes del trabajo. En la calle, de camino a la cafetería.

Me preguntó entonces cuánto me perdí por vivir tras las tapas.

¿Cuánto te has perdido?

¿Y cuánto he ganado?

liniers

Liniers

De lectores compulsivos

4 abril 2013 § Deja un comentario

Ayer, el doctor me recomendó una película. Dijo ‘así me ves en acción’, y yo me reí -aunque no lo sepa, ya le he visto en acción alguna que otra vez-, pero bajé porque de todos modos quería ir al cine y porque despertó mi curiosidad. La sesión era a las cinco, y detrás de mí, un chico pidió su entrada omitiendo el título. ‘Una para la B’, como si le diese vergüenza pronunciar una traducción tan mala. Éramos cinco espectadores: dos mujeres que bajaron la voz cuando llegué, el chico de la B, otro hombre (joven, con pinta de filólogo recién doctorado) y yo. La sala para nosotros, agradecí, hasta la aparición de las señoras. Llegaron hablando, siguieron hablando durante la película, se marcharon hablando. Jamás entenderé a la gente que paga una entrada de cine para hablar o estudiar la anatomía de su pareja, pero eso es otra historia. Por hoy, centrémonos en la película.

Liberal Arts (Josh Radnor, 2012)

Liberal Arts (Josh Radnor, 2012)

Lo cierto es que, si bien la cinta me recordó mucho al doctor, también me recordó mucho a mí misma. Jesse no puede parar de leer, lo hace en todas partes, a todas horas. Consume letras de manera compulsiva. Además, establece una relación personal duradera con su mentor, algo que también yo he hecho. Es uno de esos personajes a los que querríamos cuidar. Entrañable. Vuelve al campus y entiende cuánto lo añora. Encuentra la frescura universitaria, aparentemente perdida para él, en una muchachita con la que se escribe cartas sobre eso que llamamos música clásica. Hace cuentas de edad: yo tengo / ella tiene, cuando yo tenía / ella tenía, cuando yo tenga / ella tendrá, y finalmente no lo encuentra tan descabellado.

Si obviamos el drama hueco y adolescente de la escena pre-coito -introducida con calzador, imagino que para justificar las secuencias posteriores-, es una película entretenida, agradable, con unos buenos diálogos y la presencia inevitable de libros por todas partes. Y si hay libros por todas partes, poco puedo yo decir en contra.

De dinosaurios y cigarrillos

5 marzo 2013 § Deja un comentario

Compro Solo si te mueves por casualidad, como casi todos los libros que leo últimamente. Iba buscando otra cosa, una reedición de V de Vendetta que al final decido que no me gusta porque la han publicado con tapa blanda y un papel que parece fabricado para liar tabaco blando. Lo veo en la mesa destinada a las novedades y me atrae, aunque no sé bien por qué, así que al final abandono a Moore por Aloma Rodríguez.

Solo si te mueves, Aloma Rodríguez (Xordica, 2013)

Solo si te mueves, Aloma Rodríguez (Xordica, 2013)

Leo y me invade la envidia -una que roza lo insano- por muchas razones. Porque lo empiezo en un café a escasos metros de la tienda y lo acabo en el autobús de vuelta a casa, después de haber tenido una conversación sobre lo difícil que es el amor ahora, pasada la adolescencia. Porque es sencillo y funciona bien. Porque es una historia sin traumas, sin dramas increíbles y exclusivamente literarios, una historia normal sobre una estudiante normal con un trabajo de verano cutre, normal. Porque yo cuando estuve en Dinópolis (y era muy pequeña) ya pensaba que trabajar allí debía ser un poco cutre. Y no es ella ninguna heroína, más bien una chica recién parida al mundo que no tiene muy claro qué quiere hacer ni con quién, que se deja cuidar y querer porque es la más pequeña del parque, alguien que no le dice al que no es su novio que le quiere por el mismo miedo que hemos sentido todos justo antes de darnos cuenta de que sí. Y funciona. Y creo que es por eso mismo. Aloma consigue evadirme de la ruina de estos días con verbos en presente que me hacen creer que todo está pasando ahora, ya, todavía, y sobre todo con personajes sin grandes pretensiones a los que hace vivir una vida… pues eso, normal.

Así que lo acabo y me muerdo las uñas de pura envidia. Me da ganas de ponerme a escribr como una enferma -y envidiosa, para más inri- y no parar hasta el punto final de una historia que sea normal, la mía o no, pero sencilla, fugaz, sin dramas. Y que funcione tan bien como Solo si te mueves.

De los títulos sin título

19 febrero 2013 § Deja un comentario

Adopté mi ahora adorado ejemplar de Historia de amor sin título porque la portada me prometía un corazón de verdad, algo un poco sucio pero latente; por eso de los supervivientes que pone en la contra; porque yo también amé a Garrel (casi) hasta la locura y porque cuando lo abrí por una página al azar me topé con The Animals. Por eso y porque Ochandiano ya me gustaba en el resto de sus facetas y sentía curiosidad por saber si fluye siempre igual. Y ahora sólo puedo decir vaya con Ochandiano, acaparador de talentos.

Historia de amor sin título. Rubén Ochandiano (2012)

Historia de amor sin título. Rubén Ochandiano (2012)

Esta novela con alma de guión recoge una historia “de verdad”. No quiero decir real, no quiero decir biográfica. Digo “de verdad” y lo que quiero decir es rotunda, posible. ¿Que cómo va a ser posible haber sido y no recordarlo, o que el amor haga enloquecer, o que alguien que es y no es Louis Garrel viva sin corazón? Pregúntenle a Mario, pregúntenle al autor: indiscutiblemente lo es. ¿Y acaso no es esto lo más importante de una historia, que el lector/espectador se la crea de cabo a rabo, sin dudar ni un instante? A esto puedo responder yo: indiscutiblemente lo es.

Historia de amor sin título no tiene título y a mí me gusta así. Y no sé si se debe al reblandecimiento de los órganos importantes -cerebro, corazón- que estoy sufriendo estos días, que leo y soy Mario, y soy Berta, pero también soy Louis, mi querido Louis, y Javi, y soy hermana y madre y abuela y soy incluso Ernesto. Y soy rara, y gorda, y marica. Y estoy loca, y todo duele, y por amor, aun sin nombre, iría a cualquier París, aunque no fuera mi París, a recuperar el corazón robado. No sé si, como digo, se debe a mi estado gelatinoso, o a mi condición de amante, o si por el contrario todos somos, en el fondo y al margen de quien nos dejan ser, cada uno de los personajes que vagan sobre las páginas de esta novela.

Historia de amor sin título no tiene título y a mí me gusta así. Porque podría llamarse de infinitas formas. Porque bien podría llevar mi nombre, señores. O el suyo.

¿Dónde estoy?

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