El hombre que tuvo la estatura del desastre

7 agosto 2014 § 2 comentarios

Cuando conocimos a Charo y a A.B. había pasado algo más de un mes desde que el último de los Panero falleciera en el Hospital Juan Carlos I (anteriormente Hospital Psiquiátrico Insular de Las Palmas de Gran Canaria). Ya saben, aquel hombre conocido por su malditismo y su genialidad. Por el morbo de su historia familiar. O por ser un marginado, por estar loco (<<Yo no he estado loco en mi vida>>, respondió a Tulio Demicheli en una entrevista). Aquel hombre tan nombrado por el ‘mundillo’ y tan poco cuidado por la literatura. Esa semana las librerías de los grandes almacenes recolocaron la antología poética del más joven de los novísimos -esto es algo que me escuece siempre, el beneficio del cese-; algunas de sus fotografías en blanco y negro, siempre fumando, ocuparon finas páginas en la prensa; un par de noticiarios recordaron su voz blanda y la red se llenó de enlaces para ver aquel documental, El desencanto (Jaime Chávarri, 1976) o el día que Carlos Ann y Enrique Bunbury pasaron con el poeta. Y luego qué […]

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De dinosaurios y cigarrillos

5 marzo 2013 § Deja un comentario

Compro Solo si te mueves por casualidad, como casi todos los libros que leo últimamente. Iba buscando otra cosa, una reedición de V de Vendetta que al final decido que no me gusta porque la han publicado con tapa blanda y un papel que parece fabricado para liar tabaco blando. Lo veo en la mesa destinada a las novedades y me atrae, aunque no sé bien por qué, así que al final abandono a Moore por Aloma Rodríguez.

Solo si te mueves, Aloma Rodríguez (Xordica, 2013)

Solo si te mueves, Aloma Rodríguez (Xordica, 2013)

Leo y me invade la envidia -una que roza lo insano- por muchas razones. Porque lo empiezo en un café a escasos metros de la tienda y lo acabo en el autobús de vuelta a casa, después de haber tenido una conversación sobre lo difícil que es el amor ahora, pasada la adolescencia. Porque es sencillo y funciona bien. Porque es una historia sin traumas, sin dramas increíbles y exclusivamente literarios, una historia normal sobre una estudiante normal con un trabajo de verano cutre, normal. Porque yo cuando estuve en Dinópolis (y era muy pequeña) ya pensaba que trabajar allí debía ser un poco cutre. Y no es ella ninguna heroína, más bien una chica recién parida al mundo que no tiene muy claro qué quiere hacer ni con quién, que se deja cuidar y querer porque es la más pequeña del parque, alguien que no le dice al que no es su novio que le quiere por el mismo miedo que hemos sentido todos justo antes de darnos cuenta de que sí. Y funciona. Y creo que es por eso mismo. Aloma consigue evadirme de la ruina de estos días con verbos en presente que me hacen creer que todo está pasando ahora, ya, todavía, y sobre todo con personajes sin grandes pretensiones a los que hace vivir una vida… pues eso, normal.

Así que lo acabo y me muerdo las uñas de pura envidia. Me da ganas de ponerme a escribr como una enferma -y envidiosa, para más inri- y no parar hasta el punto final de una historia que sea normal, la mía o no, pero sencilla, fugaz, sin dramas. Y que funcione tan bien como Solo si te mueves.

De los títulos sin título

19 febrero 2013 § Deja un comentario

Adopté mi ahora adorado ejemplar de Historia de amor sin título porque la portada me prometía un corazón de verdad, algo un poco sucio pero latente; por eso de los supervivientes que pone en la contra; porque yo también amé a Garrel (casi) hasta la locura y porque cuando lo abrí por una página al azar me topé con The Animals. Por eso y porque Ochandiano ya me gustaba en el resto de sus facetas y sentía curiosidad por saber si fluye siempre igual. Y ahora sólo puedo decir vaya con Ochandiano, acaparador de talentos.

Historia de amor sin título. Rubén Ochandiano (2012)

Historia de amor sin título. Rubén Ochandiano (2012)

Esta novela con alma de guión recoge una historia “de verdad”. No quiero decir real, no quiero decir biográfica. Digo “de verdad” y lo que quiero decir es rotunda, posible. ¿Que cómo va a ser posible haber sido y no recordarlo, o que el amor haga enloquecer, o que alguien que es y no es Louis Garrel viva sin corazón? Pregúntenle a Mario, pregúntenle al autor: indiscutiblemente lo es. ¿Y acaso no es esto lo más importante de una historia, que el lector/espectador se la crea de cabo a rabo, sin dudar ni un instante? A esto puedo responder yo: indiscutiblemente lo es.

Historia de amor sin título no tiene título y a mí me gusta así. Y no sé si se debe al reblandecimiento de los órganos importantes -cerebro, corazón- que estoy sufriendo estos días, que leo y soy Mario, y soy Berta, pero también soy Louis, mi querido Louis, y Javi, y soy hermana y madre y abuela y soy incluso Ernesto. Y soy rara, y gorda, y marica. Y estoy loca, y todo duele, y por amor, aun sin nombre, iría a cualquier París, aunque no fuera mi París, a recuperar el corazón robado. No sé si, como digo, se debe a mi estado gelatinoso, o a mi condición de amante, o si por el contrario todos somos, en el fondo y al margen de quien nos dejan ser, cada uno de los personajes que vagan sobre las páginas de esta novela.

Historia de amor sin título no tiene título y a mí me gusta así. Porque podría llamarse de infinitas formas. Porque bien podría llevar mi nombre, señores. O el suyo.

Gorriones de papel

1 octubre 2012 § Deja un comentario

Dara Scully es y será siempre joven y a la vez grande, enorme. Lo ha demostrado con sus textos, sus fotografías, sus ilustraciones: es algo así como una artista renacentista atrapada en un cuerpo chiquitín, minúsculo y cubierto de plumas. Dara es un poco pájara en el sentido más delicado-salvaje-tierno del término. Tal vez Cuaderno de vuelo nace de esa necesidad suya de volar, o tal vez no, pero lo cierto es que ha juntado a gente igual de buena y de grande que ella y entre todos han preparado esta preciosidad de nido.

gorriónCuaderno de vuelo -puedes amarlo desde aquí – tiene veintitres padres y madres que dibujan letras y escriben colores. El equipo literario está formado por la propia Dara, Almudena Vega, Berta García Faet, Jorge Segarra, Elise Plain, Emily Roberts, Jenn Díaz, Isabel Tejada, Layla Martínez, Sara R. Gallardo y Natalia Litvinova. En cuanto a las ilustraciones, se distinguen las manos de Ana Bustelo, Adara Sánchez Anguiano, Belén Segarra, Daniela Carvalho, Javier Jubera, Lady Desidia, Paula Bonet, Crajes, Kikyz 1313, Verónica Algaba, Nader Sharaf y Elena Mir. Sólo leer estos nombres ya asegura la maravilla, claro, y resulta una obviedad, pero es cierto: es una delicia de 48 páginas que querrán acariciar mil veces después de la primera. La magia del arte enjaulada -que no presa- entre sus tapas.

Poco más se puede decir a favor de esta bandada. Y tampoco es que les haga falta.

(y si alguien no está de acuerdo, será que no sabe volar)

Todos somos José García

10 septiembre 2012 § Deja un comentario

Lo conseguí algo tarde, pero lo conseguí y cayó en una noche -una mañana, en realidad-, como suele pasar con mis mejores víctimas. Pero qué bestia eres. Eso me dijo Jordi Corominas cuando le conté que había acogido al fin a José García, que habíamos desayunado juntos dos veces el mismo día, que habíamos decidido que se quedaba. Leí el primer capítulo pensando “todo esto es muy Jordi” y no pude borrarme esa media sonrisa hasta las últimas páginas, si acaso abandonándola un par de segundos para la sorpresa, y también le encontré allí. Muy típico de J., dejarme con la boca abierta a cada rato.

jose garciaHe leído en varias ocasiones “José García somos todos”, escrito casi como una consigna, y lo cierto es que es cierto. Italia, fútbol, sexo, Barcelona, patear o pasear las calles, José García, venganza, la teoría de los seis grados reducida al mínimo, la cotidianidad hecha literatura de la buena. Capítulos no aptos para cardíacos, monólogo interior a velocidad real y vértigo. Nanosegundos. Ya sabíamos que Jordi Corominas tiene un estilo propio muy característico (yo le conocí como poeta, empecé con Paseos simultáneos y me declaré incondicional), pero en esta novela publicada por Barataria lo re-demuestra. Jordi vuelve a hacerme muy fan, paso las páginas y casi puedo oírle leerse en voz alta, recitar la gracia y la desgracia de quien podría perfectamente ser tu desconocido de panadería de cada mañana, el callejero de una ciudad que si no es la tuya bien podría serlo.

Harto de llamarse José García, Manolo López se bautizó en un vuelo entre Madrid y Berlín, donde fue a destruir la creencia de sus amigos, empecinadosen tener más luces de modernidad por residir en la capital alemana. Lo hizo en el aire para no tener que sentir ataduras terrenales.

Así se explica que todos podamos ser y seamos un poco Josés Garcías, con la (a)normalidad de la vida. De eso tenemos todos.

Diré una cosa más, sólo una y con absoluta seguridad: las diez últimas páginas recogen una de las mejores historias de amor jamás escritas. Me da miedo pensarlo, pero sería hermoso que todas amasen como amó Teresa.

El insignificante detalle de morir o no

26 agosto 2012 § Deja un comentario

Hace unas semanas, A. me invitó al cine. “Es un preestreno”, me dijo, y yo acepté sin hacer preguntas. A caballo regalado… El caso es que pasé toda la película con los labios entreabiertos y una única idea anclada en la mente: aquella historia era la adaptación de una novela. Seguro. Al abandonar la sala repetí la afirmación en voz alta, y A. me lo confirmó al día siguiente. En efecto, Silencio de hielo está basada en una novela homónima de Jan Costin Wagner, y como detesto el verano y me parecía una buena excusa para encerrarme a la sombra, hice lo imposible para conseguirla.

Silencio de hielo / Portada de la novela y cartel de la película.

Silencio de hielo / Portada de la novela y cartel de la película.

El film tiene una fotografía fantástica, de eso uno se da cuenta en el momento en que la sala se queda a oscuras. Los juegos de luces en pantalla son tan increíbles que en ocasiones pueden hacerte olvidar que hay un par de niñas violadas y asesinadas en el argumento, y en cuanto a los personajes, admito que me enamoré sin remedio del actor que interpreta a Joentaa, excentricidades incluidas -siempre me han gustado los tipos raros-.

En cuanto a la novela, su discurso parece de lo más normalito, común, sin grandes expectativas, pero contiene desde el principio un neuroticismo oculto que crece exponencialmente de la mano de los personajes. A mayor tensión de la trama, mayor espontaneidad. La narración se vuelve tan simple, tan natural, omite tanto adorno y vela tanta información que más parece una secuencia de capturas fotográficas que sin ninguna duda han facilitado enormemente el trabajo de los cineastas.

Y sin embargo.

Sin embargo hay tantas incongruencias, tantas variaciones entre guión y novela que incluso mi amigo el lector anónimo de la piscina ha estado más pendiente de mis cambios de expresión que de sus propias páginas. Yo puedo entender que se modifiquen fechas e incluso nombres. Una embarazada en el Cuerpo siempre da mucho juego, por ejemplo, aunque no hayan sabido aprovecharlo del todo. Y en eso no estoy de acuerdo, aunque lo puedo soportar. Pero la desaparición de personajes importantes como Tapani, el hijo chiflado de Ketola, me ha sacado de quicio -a posteriori, obvio-. Y no hablemos del final. No quiero desvelar nada, así que no entraré en detalles, pero al parecer se decidió reescribir la historia y contar otra completamente distinta. Cosas que pasan, supongo. Cosas que a mí me hacen blasfemar en inglés (WTF, que escribiría en Twitter) y a mi amigo el lector anónimo sorprenderse y sonreírme entre las tapas de su libro.

Hipocondría del verano

28 julio 2012 § Deja un comentario

Siento que me va a estallar la cabeza. Puede que sólo sea este calor bochornoso que se agarra a la piel en forma de humedad y no me deja respirar. O puede que el verano no consienta que me llegue oxígeno al cerebro y esté sufriendo una inflamación progresiva de la masa gris que derive irremediablemente en la muerte. O tal vez sea que la hipocondría se contagia igual que un virus.

El asesino hipocondríaco, Juan Jacinto Muñoz Rengel. Plaza&Janés (2012)

El asesino hipocondríaco, Juan Jacinto Muñoz Rengel. Plaza&Janés (2012)

Empecé a leer El asesino hipocondríaco porque los orígenes de su autor me generaron curiosidad: Juan Jacinto Muñoz Rengel ya se había hecho un hueco en el mundo literario a base de narraciones cortas y esta es su primera novela. Y el caso es que le ha resultado bien. A través de un sicario de moral kantiana -y una salud y una suerte nefastas-, este joven escritor organiza una visita guiada por una galería de personajes de la historia de las letras, y nos descubre una casualidad que, si no fuera por el humor con el que está narrada, nos resultaría aterradora: ¿acaso están malditos todos los genios? ¿Están predestinados, lo han estado siempre? Así lo cree el pobre M. Y., cuyo único consuelo es poder equiparar sus desdichas a las de Voltaire, Jonathan Swift, los hermanos Goncourt o el Hombre Elefante, entre otros.

Tumbada cerca del agua para no deshidratarme bajo el sol abrasador y con la sospecha constante de estar agravando mi doble desviación de columna a causa de esa postura antinatural, devoré entre carcajadas las páginas de esta opera prima. A caballo entre la enfermedad y la paranoia, el asesino se levanta cada mañana sin haber dormido, consumido por la convicción de estar sobreviviendo en exclusiva para cumplir su último trabajo. Y a pesar de ser un hombre metódico, su víctima se le resiste evadiendo la muerte una y otra vez.

Descubrir si M. Y. consigue su propósito antes de que sus mil enfermedades raras se lo lleven en volandas al paraíso de los hipocondríacos ilustres es cosa suya, estimado lector.

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